[Cuarta muestra - Patrias]  Arqueologías de lo afectivo, de Virginia Kahl.

El Centro Cultural Contraviento inauguró la muestra Arqueologías de lo afectivo, de Virginia Kahl.

[Cuarta muestra - Patrias] Arqueologías de lo afectivo, de Virginia Kahl.


La autora

Nació en Rosario en 1986. Es artista, Licenciada en Diseño de Comunicación Visual (FAPyD-UNR) y docente en la carrera de Diseño Gráfico (FAPyD-UNR).

En 2016 comenzó la Licenciatura en Bellas Artes (FHyA-UNR), donde orientó su producción hacia prácticas contemporáneas vinculadas a la apropiación de objetos y las propuestas tridimensionales.

En 2020 obtuvo el Primer Premio del IX Salón “Pequeño Formato” UNR, lo que le permitió realizar su muestra individual En fase REM en el Centre Català en 2022. En 2023 expuso en forma individual en Espacio Barraco con la muestra Memorias de una habitar curada por Maximiliano Venturini y en 2024 la muestra Historias de porcelana curada por Verónica Saucedo.

Durante la Sexta Quincena del Arte de Rosario (2023) participó junto a Espacio Barraco de la edición 18 de La Fugaz, donde una de sus obras fue subastada y adquirida para una colección privada. Ese mismo año, con el colectivo Ex-situ, fueron seleccionadas para Emergentes 2023 en el CEC Rosario.

Entre 2024 y 2025 integró el programa El Oráculo de Púrpura Proyecto. Desde 2025, está transitando el Laboratorio Expandido, coordinado por Pablo Sinaí y el Taller de Un triángulo y una Calavera de las artistas Pauline Fondevila y Silvia Lenaron.
 

El jueves 13 de agosto el Centro Cultural Contraviento inauguró la muestra Arqueologías de lo afectivo, de Virginia Kahl. Contamos con la presencia de la artista, quien dialogó con los asistentes.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando lo propio no pide permiso para convertirse en algo ajeno y esas historias que nos identifican o constituyen se ven atravesadas por procesos de borramiento simbólico, el arte como ejercicio crítico y poético, provoca resonancias en un intento por desestabilizar aquellas estructuras sociales que permanecen indóciles e inmutables.


¿Cómo es nuestra relación con lo heredado? ¿De qué manera impacta tanto en el ámbito público como privado nuestro vínculo con lo filiatorio, el universo de lo doméstico o lo laboral? ¿Cómo redistribuir equitativamente el valor que le otorgamos a las cosas? ¿Qué experiencias, objetos o lugares habilitamos con nuestras acciones? ¿Cuáles elegimos omitir?


Si bien esta apreciación propone un contexto posible, no es mi intención desarrollar un manifiesto teórico, sino un relato en espiral. Que mis palabras, como ondas expansivas reverberen sobre el conjunto de obras aquí exhibidas y que una idea de pertenencia orbite sobre su núcleo fundacional.


La delicadeza en su materialidad e impronta, se nos presenta como una amable invitación a lentificar nuestra mirada. Pausar cualquier necesidad de urgencia, recuperando casi como en un suspiro meditativo, una observación consciente y minuciosa. Es entonces allí cuando el tiempo cobra su espesor. Una oportunidad para preguntarnos sobre nuestro vínculo con la memoria y la permanencia de las cosas, como un campo en permanente disputa. No desde la nostalgia por un tiempo pasado, sino más bien un ejercicio arqueológico sobre nuestro presente.


Una sobreimpresión de signos desplazados, característicos de nuestra industria, imposibilitan su lectura y capacidad de reconocimiento. Procedimientos como el Kintsugi japonés emergen, no para reparar o suturar, sino como revelación de una herida en carne viva. Una rotura como simulacro y señalamiento. Otras estrategias visuales, mediante imágenes representativas de la ciudad que habitamos e inscriptas sobre utensilios domésticos, nos recuerdan algunas postales del costumbrismo urbano del siglo XIX. Sin embargo, trascienden su función documental para ofrecernos otra experiencia de la ciudad. Un objeto curioso, cargado de afectividad; un souvenir como dispositivo capaz de condensar pertenencia, memoria y una resistencia al olvido.
En su acción, Virginia Kahl nos dice que las imágenes y los objetos que nos rodean, no son testigos mudos de la historia, sino superficies en donde se inscriben tradiciones, afectos, encuentros, ausencias y relaciones de poder. Establece una doble condición sobre los símbolos que interviene; objetos afectivos pero afectados, proponiendo de ese modo un régimen de lectura posible. Rompe para reconstruir y desplaza para luego recuperar. Como en un ejercicio Pigliano, su operación ficcional no se opone a la verdad sino que la produce, trasladando nuestra experiencia más íntima a una pregunta colectiva.


Pablo Sinaí, julio 2026.

CENTRO CULTURAL CONTRAVIENTO
[Cuarta muestra - Patrias] Arqueologías de lo afectivo, de Virginia Kahl.

El Centro Cultural Contraviento inauguró la muestra Arqueologías de lo afectivo, de Virginia Kahl.

El jueves 13 de agosto el Centro Cultural Contraviento inauguró la muestra Arqueologías de lo afectivo, de Virginia Kahl. Contamos con la presencia de la artista, quien dialogó con los asistentes.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando lo propio no pide permiso para convertirse en algo ajeno y esas historias que nos identifican o constituyen se ven atravesadas por procesos de borramiento simbólico, el arte como ejercicio crítico y poético, provoca resonancias en un intento por desestabilizar aquellas estructuras sociales que permanecen indóciles e inmutables.


¿Cómo es nuestra relación con lo heredado? ¿De qué manera impacta tanto en el ámbito público como privado nuestro vínculo con lo filiatorio, el universo de lo doméstico o lo laboral? ¿Cómo redistribuir equitativamente el valor que le otorgamos a las cosas? ¿Qué experiencias, objetos o lugares habilitamos con nuestras acciones? ¿Cuáles elegimos omitir?


Si bien esta apreciación propone un contexto posible, no es mi intención desarrollar un manifiesto teórico, sino un relato en espiral. Que mis palabras, como ondas expansivas reverberen sobre el conjunto de obras aquí exhibidas y que una idea de pertenencia orbite sobre su núcleo fundacional.


La delicadeza en su materialidad e impronta, se nos presenta como una amable invitación a lentificar nuestra mirada. Pausar cualquier necesidad de urgencia, recuperando casi como en un suspiro meditativo, una observación consciente y minuciosa. Es entonces allí cuando el tiempo cobra su espesor. Una oportunidad para preguntarnos sobre nuestro vínculo con la memoria y la permanencia de las cosas, como un campo en permanente disputa. No desde la nostalgia por un tiempo pasado, sino más bien un ejercicio arqueológico sobre nuestro presente.


Una sobreimpresión de signos desplazados, característicos de nuestra industria, imposibilitan su lectura y capacidad de reconocimiento. Procedimientos como el Kintsugi japonés emergen, no para reparar o suturar, sino como revelación de una herida en carne viva. Una rotura como simulacro y señalamiento. Otras estrategias visuales, mediante imágenes representativas de la ciudad que habitamos e inscriptas sobre utensilios domésticos, nos recuerdan algunas postales del costumbrismo urbano del siglo XIX. Sin embargo, trascienden su función documental para ofrecernos otra experiencia de la ciudad. Un objeto curioso, cargado de afectividad; un souvenir como dispositivo capaz de condensar pertenencia, memoria y una resistencia al olvido.
En su acción, Virginia Kahl nos dice que las imágenes y los objetos que nos rodean, no son testigos mudos de la historia, sino superficies en donde se inscriben tradiciones, afectos, encuentros, ausencias y relaciones de poder. Establece una doble condición sobre los símbolos que interviene; objetos afectivos pero afectados, proponiendo de ese modo un régimen de lectura posible. Rompe para reconstruir y desplaza para luego recuperar. Como en un ejercicio Pigliano, su operación ficcional no se opone a la verdad sino que la produce, trasladando nuestra experiencia más íntima a una pregunta colectiva.


Pablo Sinaí, julio 2026.

[Cuarta muestra - Patrias]  Arqueologías de lo afectivo, de Virginia Kahl.