CIENCIA FICCIÓN

por Andrés Conti.

CIENCIA FICCIÓN


“La única cosa que hace posible la vida es la permanente e intolerable incertidumbre: no saber qué es lo próximo”.

Ursula K. Le Guin.


“Todos los edificios son predicciones, todas las predicciones están equivocadas”.

Stewart Brand.

 

 

1 La foto de Joaquin Chiavazza (1893-1976) que van a ver a continuación es de 1960. Es el playón de los lecheros que estaba en Vera Mujica y Santa Fe. Siempre me gustó por la esquizofrenia urbana que muestra: autos, carros tirados a caballo, un refugio de chapa con un diseño moderno, las vías del tren en un costado y, en el fondo, un edificio de propiedad horizontal. Ni hablar de la pilcha de los lecheros: mitad Peaky Blinders argentinizados, mitad jóvenes nuevaoleros. Hay bicis, también. Y algunos colgados de la reja que separa el territorio ferroviario de la calle.

 

 

Cada vez que veo esta foto hago link directo con Rosario, esa ciudad (1970), el libro que publicó la editorial de la Biblioteca Vigil una década después con algunos breves textos y muchas imágenes similares a ésta de Chiavazza. Es un intento subjetivísimo, totalmente sesgado y deliberado de retratar una urbe a mitad de camino entre la metrópolis y el pueblo provinciano. Por eso me encanta.

 

Rosario, esa ciudad - Autores varios.

 

Para mí, esa época del siglo XX, que va de principios de los 60 a los primeros años de los 70, es la última en la que los humanos en general –y los rosarinos en particular– tuvieron fe en un futuro colectivo mejor. Después ya quedó establecido un presente continuo con la esperanza individual de pegarla, pero la perspectiva del mañana sería peor. “Todo, siempre igual. Todo, detenido para la contemplación de una ciudad que no se defiende ni ataca: continúa”, escribió Rafael Ielpi (1939-2024) en uno de los textos que acompañan el álbum de fotos citado en el párrafo anterior. Hagamos como la ciudad de Ielpi, entonces: continuemos. 

 

2 Si buscan certezas, vayan a otro lado. Por acá no hay. Entiendo la necesidad que tienen en estos tiempos que corren, a mí me pasa lo mismo. Pero no los puedo ayudar. En otros lados las regalan, está lleno de personas e instituciones dispuestas a ofrecerlas gratuitamente sin que nadie las pida. Inclusive se pueden conseguir preguntándole cosas a una inteligencia artificial que no tiene ningún problema en mandar fruta sin escrúpulos (de los que carece, ya que justamente es artificial).

 

Lo que sí puedo decir es que desde hace un año, cuando me enteré que el 2025 había sido señalado por esta gestión municipal como el momento propicio para conmemorar los 300 años de la ciudad, intenté entender por qué este gesto político me daba una sensación rara en la pancita. Más de un año después, ese malestar sigue pero ya encontré algunas puntas para explicarmelo. Por ejemplo: no hay una idea clara de qué corno vamos a a hacer con esta Rosario en los años que vienen. Pero continuemos.

 

3 En Historia de Rosario, publicada en 1943, Juan Álvarez escribió lo siguiente sobre la operación política que provocó que se festejara en 1925 el bicentenario de Rosario: “A mayores festejos daría lugar en 1925 la conmemoración del presunto segundo centenario de la urbe. El dos de octubre entraba al puerto una flotilla de guerra compuesta por los buques Almirante Brown, Jujuy, Paraná y La Plata. (El presidente) Alvear llegó al siguiente, en tren escoltado por aeroplanos; y acto seguido comenzaron las ceremonias. Te Deum, banquete, representación en La Ópera del poema "Raquel", fuegos de artificio en diversos barrios, colocación de piedras fundamentales para una gran estación ferroviaria y el edificio del correo y el stadium municipal y la Sociedad protectora de la mujer y la Clínica del trabajo y la colonia de vacaciones de Carcarañá y el monumento a Rivadavia y el museo de ciencias y artes y una nueva sala en el hospital Rosario... El presidente de la república, sofocado, resistíase a colocar tanta piedra. Mostrósele el camarín de la Virgen, joyita arquitectónica, complemento final de otras reformas llevadas a cabo en la iglesia matriz por el piadoso celo de monseñor Nicolás Grenón durante larguísimos años de curato; los residentes franceses donaron al municipio una artística escultura; los españoles y los belgas, sendas fuentes; el Jockey Club, la Diana del rosedal; los ferroviarios, honraron con una placa la memoria de Stephenson, inventor de las locomotoras; hubo acto inaugural de la nueva casa del colegio San José, y bailes en el Jockey, y el Club Uruguayo, y el Italiano, y el Español; y carreras en el hipódromo, y torneos de ajedrez, ciclismo, foot-ball, regatas, tennis, atletismo y boxeo; y gran desfile de rodados, y concentración de aeronaves, y actos públicos y conciertos en la biblioteca del Consejo de mujeres y en dos escuelas normales y en el Colegio nacional y en El Círculo y en la Biblioteca Argentina, donde recibieron su diploma los nuevos ingenieros; y magno desfile escolar, y reparto de víveres, ropas y medallas; y jura de la bandera, colocación de varias placas recordatorias, revista naval con bronco retumbar de artillería, y luminarias tendidas en forma de inmenso pabellón patrio, y gran procesión cívica, cerrando los festejos, que duraron diez días. No sé si olvido algo. ¡Y todo esto, conmemorando una fundación imaginaria!”. Prefiero no acotar nada a esto y continuar.

 

4 Juan Álvarez (1878-1954) termina de acomodar en Historia de Rosario un mito original, el de la ciudad hija de su propio esfuerzo, burguesa, sin fundador y con muy poca intervención del estado. Este concepto prendió muchísimo más en los años posteriores que la leyenda que impulsaron algunos integrantes de la elite política y social rosarina para celebrar aquella prosperidad de 1925: en un artículo publicado en el Telégrafo Mercantil en 1802, titulado Relación histórica del Pueblo Jurisdicción del Rosario de los Arroyos, en el Gobierno de Santa Fe, Provincia de Buenos-Ayres, Pedro Tuella (1738-1814) aseguraba haber descubierto “el principio” de este pueblo en el año 1725, en medio de las luchas entre calchaquíes y guaycurúes, pobladores nativos de las zonas que se extienden al oeste y al noroeste de nuestro espacio litoral. Según Tuella, un tal Francisco Godoy trajo a los guaycurúes por el Carcarañá y se instaló por aquí con ellos y su familia, seguido luego por su suegro, Nicolás Martínez. Fijado el “principio de este pueblo”, el texto afirma que no estaba nada mal como elemento distintivo que, en sus orígenes, pudiera contarse a un personaje que tuviera el “ilustre apellido de Godoy”. Nunca se encontraron documentos que respalden esta versión transmitida de manera oral a Tuella. Lo que sí se sumó en este Tricentenario son algunos otros datos, en este caso sí documentados, que prueban la existencia de alguna población en la zona desde principios del 1700, pero nada que aporte a que el inicio de Rosario sea en el preciso 1725. Para saber más sobre esta documentación, la intendencia rosarina creó un micrositio que se llama Los orígenes de Rosario. Si tienen ganas lo miran y sacan sus propias conclusiones. Mientras tanto, continuamos.

 

5 Sin mucho esfuerzo y con pocas ganas de llegar a la verdad, hice un intento de saber quién le acercó al intendente Pablo Javkin la idea de festejar los 300 años reflotando el espíritu del bicentenario de 1925. Enseguida me di cuenta que no sé si quiero saber eso, así que continuemos.

 

6 No voy a descubrir nada, pero en esta parte quiero que queden escritos tres hitos que son fundamentales para que Rosario sea lo que es hoy y que no por eso se contradicen con la idea de un señor de apellido ilustre que trae a los pobladores a la zona ni con el mito de la ciudad hecha por el esfuerzo individual de trabajadores y emprendedores.

 

- El 23 de octubre de 1730 se creó el curato del Pago los Arroyos. De esta manera se le otorgó a un cura una jurisdicción eclesiástica que lo habilitaba para ejercer en su parroquia ciertas funciones de gobierno y justicia. La sede de ese curato era la capilla construida en la zona por Domingo Gómez Recio poco tiempo antes.

 

- El 2 de diciembre de 1823 la Junta de Representantes, a instancias del gobernador santafesino Estanislao López, aprueba la solicitud de los vecinos de la capilla del Rosario y la eleva a la categoría de “Ilustre y Fiel Villa”. El pedido comunitario fue liderado justamente por el cura local Pascual Silva Braga. Los vecinos y hacendados estaban preocupados por la sequía y suscribieron un acta solicitando el cambio de rango institucional para Rosario, villa o ciudad, como había sucedido con pueblos cercanos. Querían dejar atrás el “nombre oscuro de conquista” que significaba ser capilla. También pidieron que se ponga a la población de mil habitantes bajo el patrocinio de “Nuestra Señora del Rosario”, que era el objeto de sus “afectos y culto”. El título de ciudad no prosperó porque le hubiera dado derecho a tener cabildo propio y autonomía frente a Santa Fe. Lo que si se acepta es que la Virgen se convierta en patrona y reconoce como distinguido al vecindario por los servicios prestados a la causa de la libertad e independencia de la provincia. Sin embargo, sus autoridades seguirán siendo elegidas por Santa Fe.

 

-En 1852, la declaración de Rosario como ciudad y la libertad de navegabilidad del río Paraná son indispensables para que la villa –por entonces tenía apenas tres mil habitantes– sea hoy lo que es. Las dos decisiones fueron tomadas por el entrerriano Justo José de Urquiza, líder de la Confederación Argentina, acompañadas de la intención de transformar a la ciudad en el principal puerto comercial de ese proyecto de país. En el medio pasaron cosas: ese proyecto de país no prosperó pero el puerto sí.

 

Sin estas determinaciones tomadas por instituciones establecidas –la iglesia y los estados provinciales y nacionales en formación– es complicado entender la Rosario actual. Continuemos.

 

7 Llegamos al presente. A este presente, que no es cualquiera: es incierto, nos cuesta saber inclusive a qué hora va a pasar el colectivo, a pesar de que tenemos todas las herramientas digitales a mano para descular ese interrogante. Entonces, está complicado para los tirapostas que predicen tempestades, plagas o escenarios celestiales.

 

Me pregunto entonces qué tiene Rosario para ofrecer al futuro incierto. ¿Otra vez volveremos a la cantinela noventista de “la ciudad de servicios”? ¿Al servicio de quiénes nos tocará estar dentro de unos pocos años? ¿Del campo, de los poderes tecnofinancieros, de los narcotraficantes, de los líderes religiosos? ¿Qué pasará con el trabajo? ¿Existirá? ¿Nos moveremos de una punta a otra de la ciudad en vehículos desregulados por una aplicación global? ¿Quedará algún rastro de los siglos XIX y XX en pie sin ser transformado en un edificio de propiedad horizontal con amenities? ¿Quiénes vivirán en todos esos edificios de propiedad horizontal con amenities? ¿Se sostendrá algún espacio físico, alguna grieta, desde donde surjan manifestaciones culturales no mediadas por algoritmos? ¿Hay que volver a creer en algún dios sobrenatural? ¿Le preguntamos al chat GPT? El material informativo que consumo para tratar de saber qué piensa nuestra burguesía -nuestra elite económico financiera política- sobre estas cuestiones me tiene preocupado. No encuentro en Top TV, los sábados a las 20.30, por Canal 3, ninguna promoción de un emprendimiento que no sea para servir a los que ya tienen plata para consumir. No leo en el Run Run que escribe Mariano Galíndez en Rosario3 todos los domingos ninguna idea empresarial que me diga de qué vamos a vivir los que no heredamos una fortuna generacional. Si el futuro productivo de la ciudad pasa por la especulación financiera, la construcción vía fideicomisos y la baja del costo laboral a mínimos históricos, hay muchos que estamos complicados. La ciencia ficción que está de moda hoy no me dice cómo continuar, pero igual continuamos.

 

8 Quizás sea injusto pedirle a Rosario respuestas sobre el futuro pero a alguien hay que pedírselas. Si el mañana que nos ofrecen a la mayoría es llevar personas o cosas fabricadas en otros lugares, de un lado a otro, al servicio de una minoría con capacidad de consumo, me parece que la ciudad tiene que decir algo ¿no? Desde el principio de los tiempos ha sido el artefacto inventado por la humanidad para encontrarse con el otro, con el extraño. Muchas veces, ese encuentro no es agradable, no siempre es pacífico o ideal. Pero es inevitable y nos obliga a reconocer la existencia de alguien diferente a nosotros, sabemos que hay otro punto de vista, otra forma de vivir y pensar. Y tenemos que accionar en consecuencia, para convivir. La violencia que ha sufrido Rosario en las última dos décadas es un ejemplo de lo que sucede cuando la ciudad no encuentra respuestas a los complejos problemas colectivos y los aborda como si fuesen individuales y simples.

 

Me pregunto si será en 2027, cuando se empiece a redactar la nueva carta orgánica de la Rosario ya autónoma, una oportunidad para intentar responder algunos de los interrogantes que hoy nos plantea la ciudad. Si me guío por el derrotero natural de los acontecimientos presentes, me respondo a mí mismo que lo veo difícil. Continuará.

 

9 Quiero terminar esto diciendo algo que a veces yo mismo olvido: más allá de cualquier acción humana o institucional, es el río lo que nos trajo hasta acá. Y, en nuestro caso, tiene nombre: Paraná. Si no fuera por este río, viviríamos en la pobreza absoluta o no existiríamos, directamente. Es verdad que trabajamos incansablemente por hacerlo pelota, pero capaz que el río sea lo que nos permita continuar.

CENTRO CULTURAL CONTRAVIENTO
CIENCIA FICCIÓN

por Andrés Conti.

“La única cosa que hace posible la vida es la permanente e intolerable incertidumbre: no saber qué es lo próximo”.

Ursula K. Le Guin.


“Todos los edificios son predicciones, todas las predicciones están equivocadas”.

Stewart Brand.

 

 

1 La foto de Joaquin Chiavazza (1893-1976) que van a ver a continuación es de 1960. Es el playón de los lecheros que estaba en Vera Mujica y Santa Fe. Siempre me gustó por la esquizofrenia urbana que muestra: autos, carros tirados a caballo, un refugio de chapa con un diseño moderno, las vías del tren en un costado y, en el fondo, un edificio de propiedad horizontal. Ni hablar de la pilcha de los lecheros: mitad Peaky Blinders argentinizados, mitad jóvenes nuevaoleros. Hay bicis, también. Y algunos colgados de la reja que separa el territorio ferroviario de la calle.

 

 

Cada vez que veo esta foto hago link directo con Rosario, esa ciudad (1970), el libro que publicó la editorial de la Biblioteca Vigil una década después con algunos breves textos y muchas imágenes similares a ésta de Chiavazza. Es un intento subjetivísimo, totalmente sesgado y deliberado de retratar una urbe a mitad de camino entre la metrópolis y el pueblo provinciano. Por eso me encanta.

 

Rosario, esa ciudad - Autores varios.

 

Para mí, esa época del siglo XX, que va de principios de los 60 a los primeros años de los 70, es la última en la que los humanos en general –y los rosarinos en particular– tuvieron fe en un futuro colectivo mejor. Después ya quedó establecido un presente continuo con la esperanza individual de pegarla, pero la perspectiva del mañana sería peor. “Todo, siempre igual. Todo, detenido para la contemplación de una ciudad que no se defiende ni ataca: continúa”, escribió Rafael Ielpi (1939-2024) en uno de los textos que acompañan el álbum de fotos citado en el párrafo anterior. Hagamos como la ciudad de Ielpi, entonces: continuemos. 

 

2 Si buscan certezas, vayan a otro lado. Por acá no hay. Entiendo la necesidad que tienen en estos tiempos que corren, a mí me pasa lo mismo. Pero no los puedo ayudar. En otros lados las regalan, está lleno de personas e instituciones dispuestas a ofrecerlas gratuitamente sin que nadie las pida. Inclusive se pueden conseguir preguntándole cosas a una inteligencia artificial que no tiene ningún problema en mandar fruta sin escrúpulos (de los que carece, ya que justamente es artificial).

 

Lo que sí puedo decir es que desde hace un año, cuando me enteré que el 2025 había sido señalado por esta gestión municipal como el momento propicio para conmemorar los 300 años de la ciudad, intenté entender por qué este gesto político me daba una sensación rara en la pancita. Más de un año después, ese malestar sigue pero ya encontré algunas puntas para explicarmelo. Por ejemplo: no hay una idea clara de qué corno vamos a a hacer con esta Rosario en los años que vienen. Pero continuemos.

 

3 En Historia de Rosario, publicada en 1943, Juan Álvarez escribió lo siguiente sobre la operación política que provocó que se festejara en 1925 el bicentenario de Rosario: “A mayores festejos daría lugar en 1925 la conmemoración del presunto segundo centenario de la urbe. El dos de octubre entraba al puerto una flotilla de guerra compuesta por los buques Almirante Brown, Jujuy, Paraná y La Plata. (El presidente) Alvear llegó al siguiente, en tren escoltado por aeroplanos; y acto seguido comenzaron las ceremonias. Te Deum, banquete, representación en La Ópera del poema "Raquel", fuegos de artificio en diversos barrios, colocación de piedras fundamentales para una gran estación ferroviaria y el edificio del correo y el stadium municipal y la Sociedad protectora de la mujer y la Clínica del trabajo y la colonia de vacaciones de Carcarañá y el monumento a Rivadavia y el museo de ciencias y artes y una nueva sala en el hospital Rosario... El presidente de la república, sofocado, resistíase a colocar tanta piedra. Mostrósele el camarín de la Virgen, joyita arquitectónica, complemento final de otras reformas llevadas a cabo en la iglesia matriz por el piadoso celo de monseñor Nicolás Grenón durante larguísimos años de curato; los residentes franceses donaron al municipio una artística escultura; los españoles y los belgas, sendas fuentes; el Jockey Club, la Diana del rosedal; los ferroviarios, honraron con una placa la memoria de Stephenson, inventor de las locomotoras; hubo acto inaugural de la nueva casa del colegio San José, y bailes en el Jockey, y el Club Uruguayo, y el Italiano, y el Español; y carreras en el hipódromo, y torneos de ajedrez, ciclismo, foot-ball, regatas, tennis, atletismo y boxeo; y gran desfile de rodados, y concentración de aeronaves, y actos públicos y conciertos en la biblioteca del Consejo de mujeres y en dos escuelas normales y en el Colegio nacional y en El Círculo y en la Biblioteca Argentina, donde recibieron su diploma los nuevos ingenieros; y magno desfile escolar, y reparto de víveres, ropas y medallas; y jura de la bandera, colocación de varias placas recordatorias, revista naval con bronco retumbar de artillería, y luminarias tendidas en forma de inmenso pabellón patrio, y gran procesión cívica, cerrando los festejos, que duraron diez días. No sé si olvido algo. ¡Y todo esto, conmemorando una fundación imaginaria!”. Prefiero no acotar nada a esto y continuar.

 

4 Juan Álvarez (1878-1954) termina de acomodar en Historia de Rosario un mito original, el de la ciudad hija de su propio esfuerzo, burguesa, sin fundador y con muy poca intervención del estado. Este concepto prendió muchísimo más en los años posteriores que la leyenda que impulsaron algunos integrantes de la elite política y social rosarina para celebrar aquella prosperidad de 1925: en un artículo publicado en el Telégrafo Mercantil en 1802, titulado Relación histórica del Pueblo Jurisdicción del Rosario de los Arroyos, en el Gobierno de Santa Fe, Provincia de Buenos-Ayres, Pedro Tuella (1738-1814) aseguraba haber descubierto “el principio” de este pueblo en el año 1725, en medio de las luchas entre calchaquíes y guaycurúes, pobladores nativos de las zonas que se extienden al oeste y al noroeste de nuestro espacio litoral. Según Tuella, un tal Francisco Godoy trajo a los guaycurúes por el Carcarañá y se instaló por aquí con ellos y su familia, seguido luego por su suegro, Nicolás Martínez. Fijado el “principio de este pueblo”, el texto afirma que no estaba nada mal como elemento distintivo que, en sus orígenes, pudiera contarse a un personaje que tuviera el “ilustre apellido de Godoy”. Nunca se encontraron documentos que respalden esta versión transmitida de manera oral a Tuella. Lo que sí se sumó en este Tricentenario son algunos otros datos, en este caso sí documentados, que prueban la existencia de alguna población en la zona desde principios del 1700, pero nada que aporte a que el inicio de Rosario sea en el preciso 1725. Para saber más sobre esta documentación, la intendencia rosarina creó un micrositio que se llama Los orígenes de Rosario. Si tienen ganas lo miran y sacan sus propias conclusiones. Mientras tanto, continuamos.

 

5 Sin mucho esfuerzo y con pocas ganas de llegar a la verdad, hice un intento de saber quién le acercó al intendente Pablo Javkin la idea de festejar los 300 años reflotando el espíritu del bicentenario de 1925. Enseguida me di cuenta que no sé si quiero saber eso, así que continuemos.

 

6 No voy a descubrir nada, pero en esta parte quiero que queden escritos tres hitos que son fundamentales para que Rosario sea lo que es hoy y que no por eso se contradicen con la idea de un señor de apellido ilustre que trae a los pobladores a la zona ni con el mito de la ciudad hecha por el esfuerzo individual de trabajadores y emprendedores.

 

- El 23 de octubre de 1730 se creó el curato del Pago los Arroyos. De esta manera se le otorgó a un cura una jurisdicción eclesiástica que lo habilitaba para ejercer en su parroquia ciertas funciones de gobierno y justicia. La sede de ese curato era la capilla construida en la zona por Domingo Gómez Recio poco tiempo antes.

 

- El 2 de diciembre de 1823 la Junta de Representantes, a instancias del gobernador santafesino Estanislao López, aprueba la solicitud de los vecinos de la capilla del Rosario y la eleva a la categoría de “Ilustre y Fiel Villa”. El pedido comunitario fue liderado justamente por el cura local Pascual Silva Braga. Los vecinos y hacendados estaban preocupados por la sequía y suscribieron un acta solicitando el cambio de rango institucional para Rosario, villa o ciudad, como había sucedido con pueblos cercanos. Querían dejar atrás el “nombre oscuro de conquista” que significaba ser capilla. También pidieron que se ponga a la población de mil habitantes bajo el patrocinio de “Nuestra Señora del Rosario”, que era el objeto de sus “afectos y culto”. El título de ciudad no prosperó porque le hubiera dado derecho a tener cabildo propio y autonomía frente a Santa Fe. Lo que si se acepta es que la Virgen se convierta en patrona y reconoce como distinguido al vecindario por los servicios prestados a la causa de la libertad e independencia de la provincia. Sin embargo, sus autoridades seguirán siendo elegidas por Santa Fe.

 

-En 1852, la declaración de Rosario como ciudad y la libertad de navegabilidad del río Paraná son indispensables para que la villa –por entonces tenía apenas tres mil habitantes– sea hoy lo que es. Las dos decisiones fueron tomadas por el entrerriano Justo José de Urquiza, líder de la Confederación Argentina, acompañadas de la intención de transformar a la ciudad en el principal puerto comercial de ese proyecto de país. En el medio pasaron cosas: ese proyecto de país no prosperó pero el puerto sí.

 

Sin estas determinaciones tomadas por instituciones establecidas –la iglesia y los estados provinciales y nacionales en formación– es complicado entender la Rosario actual. Continuemos.

 

7 Llegamos al presente. A este presente, que no es cualquiera: es incierto, nos cuesta saber inclusive a qué hora va a pasar el colectivo, a pesar de que tenemos todas las herramientas digitales a mano para descular ese interrogante. Entonces, está complicado para los tirapostas que predicen tempestades, plagas o escenarios celestiales.

 

Me pregunto entonces qué tiene Rosario para ofrecer al futuro incierto. ¿Otra vez volveremos a la cantinela noventista de “la ciudad de servicios”? ¿Al servicio de quiénes nos tocará estar dentro de unos pocos años? ¿Del campo, de los poderes tecnofinancieros, de los narcotraficantes, de los líderes religiosos? ¿Qué pasará con el trabajo? ¿Existirá? ¿Nos moveremos de una punta a otra de la ciudad en vehículos desregulados por una aplicación global? ¿Quedará algún rastro de los siglos XIX y XX en pie sin ser transformado en un edificio de propiedad horizontal con amenities? ¿Quiénes vivirán en todos esos edificios de propiedad horizontal con amenities? ¿Se sostendrá algún espacio físico, alguna grieta, desde donde surjan manifestaciones culturales no mediadas por algoritmos? ¿Hay que volver a creer en algún dios sobrenatural? ¿Le preguntamos al chat GPT? El material informativo que consumo para tratar de saber qué piensa nuestra burguesía -nuestra elite económico financiera política- sobre estas cuestiones me tiene preocupado. No encuentro en Top TV, los sábados a las 20.30, por Canal 3, ninguna promoción de un emprendimiento que no sea para servir a los que ya tienen plata para consumir. No leo en el Run Run que escribe Mariano Galíndez en Rosario3 todos los domingos ninguna idea empresarial que me diga de qué vamos a vivir los que no heredamos una fortuna generacional. Si el futuro productivo de la ciudad pasa por la especulación financiera, la construcción vía fideicomisos y la baja del costo laboral a mínimos históricos, hay muchos que estamos complicados. La ciencia ficción que está de moda hoy no me dice cómo continuar, pero igual continuamos.

 

8 Quizás sea injusto pedirle a Rosario respuestas sobre el futuro pero a alguien hay que pedírselas. Si el mañana que nos ofrecen a la mayoría es llevar personas o cosas fabricadas en otros lugares, de un lado a otro, al servicio de una minoría con capacidad de consumo, me parece que la ciudad tiene que decir algo ¿no? Desde el principio de los tiempos ha sido el artefacto inventado por la humanidad para encontrarse con el otro, con el extraño. Muchas veces, ese encuentro no es agradable, no siempre es pacífico o ideal. Pero es inevitable y nos obliga a reconocer la existencia de alguien diferente a nosotros, sabemos que hay otro punto de vista, otra forma de vivir y pensar. Y tenemos que accionar en consecuencia, para convivir. La violencia que ha sufrido Rosario en las última dos décadas es un ejemplo de lo que sucede cuando la ciudad no encuentra respuestas a los complejos problemas colectivos y los aborda como si fuesen individuales y simples.

 

Me pregunto si será en 2027, cuando se empiece a redactar la nueva carta orgánica de la Rosario ya autónoma, una oportunidad para intentar responder algunos de los interrogantes que hoy nos plantea la ciudad. Si me guío por el derrotero natural de los acontecimientos presentes, me respondo a mí mismo que lo veo difícil. Continuará.

 

9 Quiero terminar esto diciendo algo que a veces yo mismo olvido: más allá de cualquier acción humana o institucional, es el río lo que nos trajo hasta acá. Y, en nuestro caso, tiene nombre: Paraná. Si no fuera por este río, viviríamos en la pobreza absoluta o no existiríamos, directamente. Es verdad que trabajamos incansablemente por hacerlo pelota, pero capaz que el río sea lo que nos permita continuar.

CIENCIA FICCIÓN